Mensaje de Nuestro Señor Jesucristo a J.V.
Habla Nuestro Señor Jesucristo,
Sobre: Vivir en la Virtud.
Escribe Javier, hijito Mío. Te voy a explicar lo que es vivir en la Virtud.
Vivir en la virtud es vivir con Mi propia vida, es el actuar con la esencia misma del Amor del Padre. Todo lo que es de El, todo lo que viene de El es perfecto, por eso Yo se los decía en Mi paso por la Tierra: “Sed perfectos como Mi Padre es Perfecto”. Vivir en la virtud es vivir con el Cielo mismo. Acá se vive en la excelsitud de todas las virtudes, quienes unas, quienes otras, formando la trama bellísima de la esencia divina de Mi Padre.
Todo lo que es de El, es belleza y perfección. Vosotros aún no podéis vislumbrar, más que en mínima parte, lo que es el poder sapientísimo de Mi Padre al ver las leyes de la Naturaleza y del Universo entero. Vuestros científicos y hombres sabios, logran apenas vislumbrar el principio de una serie de horizontes de conocimiento y perfección. Creen saber mucho y la soberbia los traiciona. Si al menos, con prudencia santa, se preguntaran si su conocimiento realmente vale la pena…, pero su soberbia los ciega. Mientras, la humildad alcanza a ver mucho más lejos que los mismos estudiosos alcanzan a ver.
El vivir en la virtud, es el haber empezado a vislumbrar, a través de la humildad, los regalos tan grandes que Mi Padre os tiene reservados.
La humildad y la sencillez de un niño hacen que los brazos de los adultos se abran, porque el niño sencillo y humilde reconoce en el adulto el apoyo y la protección que a él le faltan.
El hombre adulto, sabio y humilde, reconoce que a pesar de sus años, la sabiduría no se le ha derramado por completo, primeramente por su falta de Fé confianza plena en Dios, Mi Padre y segundo, porque reconociéndose imperfecto por el Pecado Original, podría ser fácilmente tentado a caer en la soberbia al reconocer en sí mismo un don o virtud en alto grado. Sólo en una creatura se derramaron todos los dones y virtudes de Mi Padre Celestial y ésa creatura bellísima es Mi Madre, la Siempre Virgen María. TODO se le pudo dar en su máxima expresión por ser, primeramente, humilde, pero una humildad santa e interesada en servir sólo a Su Dios Padre, a Su Dios Hijo y a Su Dios Espíritu Santo, esposo divino. Para ella no había ni cabía otra cosa que vivir para Dios. Sus preocupaciones eran y son las de servir a su Dios, en Sus Tres Divinas Personas. Ella, poseyendo todas las virtudes, las ponía en práctica, primero, para agradarnos y luego, para ser ejemplo de ellas y mover a las almas a Su alrededor para su conversión y así respaldar las Enseñanzas y Consejos que Yo, Su Hijo y Redentor, daba a la gente.
Las virtudes son instrumentos que debéis utilizar para vuestra propia perfección en el amor y para la de los vuestros. Vivir en la virtud es como paladear un fruto sabroso, con un rico aroma y dulzura. Cuando se actúa sin virtud, el acto existe pero no lleva los adornos que lo hace agradable y perdurable para el que lo recibe. Un acto envuelto en amor, perdura por muchísimos años, en cambio, un acto hecho por altruismo o por egoísmo no perdura, se agradece, pero se desvanece pronto.
El vivir en la virtud produce frutos excelsos, porque el vivir en la virtud exige sacrificio, sobriedad, donación, respeto, transmisión de Mi misma vida a través de cada uno de vosotros y en cada uno de vuestros actos.
No se puede hablar de vivir en las virtudes si no se lucha por alcanzarlas y al así lograrlo, la corona del triunfo se refleja en las obras que luego se realizan; además de que al realizarlas, ya no se van a dar a los demás con la idea de recibir paga o reconocimiento público, sino que los actos que se hacen llenos de Mis virtudes, se harán ahora, en lo oculto de Mi Corazón, con el afán de agradarMe y darme las gracias en lo profundo de vuestros corazones, por haberos tomado para ser dignos instrumentos del Amor de Mi Padre.
El vivir en la virtud os va a dar, en vuestra vida celestial, una luz más potente, cuánto más os hayáis dado a los demás actuando siempre bajo la acción de las virtudes. Vuestras túnicas resplandecerán más y se os añadirán gemas preciosas, cuanto más os hayáis volcado por buscar el bienestar y crecimiento espiritual en vuestros hermanos.
Cuando vuestro egoísmo infantil se vuelva ayuda desinteresada madura, será cuando entonces empezarán a vivir según la Voluntad de Mi Padre.
Yo os dije: “Yo vine a hacer la Voluntad de Mi Padre”. Yo, siendo Dios, Hijo del Padre y teniendo autonomía, podía haberMe rebelado o simplemente haber utilizado otros medios para vuestra redención, sin haber tenido la necesidad de haber sufrido tanto por vosotros. Yo acaté con obediencia humilde las disposiciones de Mi Padre y así se logró Su Deseo de Salvación. Ahora, esto es lo que os pido, que acatéis con donación libre y perfecta de vuestra voluntad, las disposiciones y pedimentos que Mi Santo Espíritu de Amor os indica en vuestro interior y si lo dejáis actuar, con donación dócil y humilde, vuestras acciones serán las Mías y serán de un valor salvífico y agradable a Nuestros Ojos, que solamente os daréis cuenta de la magnitud de ellas, cuando lleguéis al Reino de los Cielos.
El vivir en la virtud es el asegurar vuestra entrada triunfal a Mi Reino, a vuestra casa celestial, por toda la eternidad.
No hay mayor dicha que podáis darNos, que el permitirNos vivir libremente en vosotros. Haremos en vosotros Nuestra Morada y viviréis el Cielo mismo ya desde aquí en la Tierra.
Pedidle a vuestra Madre Santísima que os convide de todas Sus Virtudes.
Ella está deseosísima de compartirlas y hacerlas crecer en cada uno de vosotros, para poder presentaros ante Nuestra Presencia, como joyas finísimas que han sido talladas en forma especial y preciosa, para agradar a Su Rey y Señor.
Acudid a Ella en todo momento y sabed, con toda seguridad, que NUNCA os va a fallar, puesto que Ella vive todas las virtudes en su máxima perfección. Sed humildes y reconoceos necesitados de Nuestras Gracias y así alcanzaréis niveles de santidad insospechados y, además, poco os importará esto ya que vuestro gozo mayor será el saber que estáis sirviendo con todo vuestro corazón a vuestro Dios y Señor, Quien os ama con un amor que no podéis siquiera imaginar. No hay amor más grande que el AMOR de vuestro Dios, tenedlo por seguro.
No hay padre que pague más por un acto de amor hecho a un semejante, que el que os paga, con creces, vuestro Padre Celestial.
Yo os bendigo en el Santo Nombre de Mi Padre, en Mi Nombre y en el del Santo Espíritu de Amor.